Hijo de Alfredo Goyeneche, primer presidente del Comité Olímpico Español que participó en unas Olimpiadas, Javier quería seguir los pasos de su padre y dedicarse a la hípica. «Estuve en el equipo español júnior Sub 21 y Sub 23, fui campeón de España de yeguadas en cuatro ocasiones, cuarto en el campeonato de Europa y ganamos grandes premios. Me divertía mucho, pero había jinetes mucho mejores que yo». No está tan cómodo hablando de sus logros deportivos como de su trayectoria empresarial, aunque lo disimula con una sonrisa, hablando en plural: «Logramos», «hemos ganado», «conseguimos…»
«Estudié en la European Business School: parte en Madrid, parte en París y parte en Londres. Fui un estudiante normalillo. En París suspendí porque me pasaba el día montando a caballo y mis padres, un poco por castigarme, me dijeron: “Este verano te quedas trabajando en Londres” y me fui a Johnson&Higgins, una compañía de seguros inglesa». Estudiar y trabajar se le dio bien y consiguió aprobar todo en enero. Hasta septiembre no tenía que volver a empezar y aprovechó esos meses para montar su primer negocio. «En París había una fiebre terrible por los pins. Yo había estado en varias olimpiadas con mi padre y la gente los intercambiaba, así que dije: “Voy a montar una empresa de pins”. En casa les pareció una tontería total», recuerda riendo, «pero con la ayuda de un amigo francés que se vino conmigo, montamos Loco Pins». No fue fácil, pero sortearon con ganas todos los obstáculos. «Buscamos fábricas en España, pero sólo encontramos algunas en las que hacían chapas de tipo militar en bronce, pero nosotros queríamos un Mickey Mouse en veinte colores en el que pusiera Coca-Cola». En Taiwan encontraron el proveedor que buscaban, «los únicos que hacían esto», y con ellos, su negocio despegó.
De la casualidad al éxito
De ahí a Fun&Basics no hubo un paso sino una docena o, como explica Goyeneche, «muchos accidentes». «En el 93 llega la crisis: yo tengo que acabar de estudiar y, de repente, nadie quiere un pin. Encima nos pilla la suspensión de pagos de Lois, que nos enganchó con 800.000 pins. Perdimos todo lo que habíamos ganado. ¡Qué desastre!». Su amigo francés regresa a París, pero «antes de irse me regala una cartera de nylon», que él utiliza de muestrario. En Prosegur le hacen lo que iba a ser uno de sus últimos encargos: 10.000 pins y 12 carteras como la que lleva «para el consejo de administración». Era víspera de Navidad y no había fabricante que se las hiciera, pero en la sala de espera de American Express —«también hacíamos sus pins»— se encuentra con un proveedor como él. «Lo típico: “¿Tú qué haces?”. “Yo, chapas”. “Yo, mochilas, pero vengo a decir que he quebrado”». Su último pedido sería las doce carteras de Prosegur, pero fabricó veinte. «Una de las ocho que sobraron se la regalé a un amigo que trabajaba en una agencia de publicidad y fue con ella a Elle». Era el 25 aniversario de la revista y les encargaron 2.000 carteras. «Vale, pero con mi marca» y rápido tuvo que inventar una: «Loco Pins, Loco Bags... ¡Fun Bags!, pero ya existía un Fun Bags en Alemania y tuvimos que cambiarlo por Fun&Basics».
Su amigo francés regresó —«es el padrino de mi hijo»—, el fabricante de mochilas no quebró y Fun&Basics no ha dejado de crecer desde entonces. «Al principio vendíamos muy poco, 500 bolsos al mes o así, pero como eran muy diferentes, la prensa los publicaba mucho. Nosotros decíamos: “¡Cualquiera pensará que tenemos una súper compañía y no vendemos na!”», comenta riendo.
En 1997 abre su primera tienda en el madrileño barrio de Salamanca y tres años después, en 2000, decide diversificar —«era muy difícil vender más bolsos a nuestros clientes»— , para lo que necesita capital. «Ningún banco creyó en Fun & Basics, pero gracias al apoyo de seis amigos levantamos un millón de euros y empezamos a crecer».
Hoy, Javier Goyeneche, «poco conformista y muy constante», sigue sus impulsos. «Tengo poco miedo a equivocarme. En una compañía como ésta, al final eres un pequeño luchando contra grandes multinacionales». Unos, por dinero; otros, por un concepto difícil de explicar: «Siempre he pensado que lujo y caro no es lo mismo, y que caro y bonito no es lo mismo». «Un producto tiene que tener detrás una filosofía, un concepto. Tiene que haber algo más». Él busca incansable ese algo más y a ello piensa dedicarse, sin prisa, durante los próximos años.